Seguridad alimentaria

La seguridad alimentaría, además de ser una asignatura pendiente para nuestro país, es uno de los mayores compromisos que tenemos, frente a este siglo XXI que se caracteriza por el conocimiento y la competitividad y del cual no podemos quedar al margen. Un país donde su población consume menos calorías que las que se requieren para desarrollar un trabajo con buena productividad, es un país condenado a mantener indicadores de desarrollo muy bajo y por ende a estar estancado en el círculo vicioso del subdesarrollo, por eso, cuando las estadísticas nos reflejan que Nicaragua tiene una desnutrición crónica del 17%, nos causa una honda preocupación y nos mueve no solo a valorar las causas de la misma, sino también a buscarle alternativas de solución.

La inseguridad alimentaría está indisolublemente ligada a la problemática de la pobreza y esta se vuelve más dramática en el sector rural, donde la población adolece de muchos recursos para tener una vida digna, por ejemplo los niveles de educación son muy bajos, no existe transferencia tecnológica, el acceso al crédito es casi nulo, no tienen agua potable, etc.

Para Nicaragua, el sector rural debe de ser analizado con mucha responsabilidad y dedicarle mucha atención, porque no podemos obviar que nuestro país es de vocación agrícola y forestal y la comida que llega a las ciudades es producida por pequeños productores que enfrentan serios problemas de pobreza y que muchos de ellos son parte de la inseguridad alimentaría que padece la nación.

El diagnóstico realizado en las dieciocho cooperativas, de carácter mixto- participativo, cuali-cuantitativo, descriptivo y de corte trasversal, refleja una realidad que no está al margen de la problemática alimentaría nacional, un 17% de desnutrición crónica es alarmante y se vuelve altamente complejo este problema, si consideramos que estas cooperativas están ubicadas en zonas productivas, donde el café es el principal rubro de producción y que consideramos tienen algunas ventajas comparadas con otras zonas improductivas o secas de Las Segovias, no obstante, los miembros de estas cooperativas, como los pobladores en general, resienten además los meses de junio a agosto, que son meses sin actividad productiva, donde la mayoría de la población no cubre sus necesidades básicas, incidiendo de manera muy negativa en la población infantil.

Este importante esfuerzo que nos ha permitido diagnosticar la realidad alimentaría de las dieciocho cooperativas, se realizó en dos fases, en la primera fase fueron encuestados 260 cooperados de los departamentos de Estelí, Madriz y Nueva Segovia, implementando técnicas como: grupos focales, estudios de caso y buenas prácticas y en una segunda fase, se ha procesado la información y obtenido los resultados que reflejan una realidad que tenemos que transformar en beneficio de pobladores rurales que con su trabajo aportan al desarrollo comunitario y nacional.